lunes, 7 de enero de 2008

Bill Gates, soñador a tiempo completo


JOSÉ LUIS DE HARO
SERVICIO ESPECIAL
NUEVA YORK. Pese a su descomunal cuenta corriente y haberse colado en millones de ordenadores de todo el mundo de la mano de su sistema operativo Windows, Bill Gates nunca se ha tomado en serio a sí mismo.
Por eso, tras su jubilación en Microsoft podría labrarse una fructífera carrera en el mundo de la comedia.
Al menos así lo demostró en el que se convirtió en su último discurso en el salón tecnológico de Las Vegas, una cita anual indispensable para aquellos que quieren estar a la última en «gadgets» electrónicos.
A través de un jocoso vídeo, en el que Gates se codeaba con Hillary Clinton y Barack Obama, era despedido por el presentador de televisión John Stewart o entrenado por el rapero Jay Z y el actor Matthew McConaughey, el fundador de Microsoft se prepara oficialmente para abandonar el buque informático y dedicarse en cuerpo y alma a la filantropía.

Este nuevo soñador a tiempo completo dará carpetazo a los códigos de programación, el desarrollo de productos o la planificación estratégica para dedicarse en cuerpo y alma a combatir la pobreza extrema, la falta de educación y enfermedades como el SIDA y la malaria a través de «The Melinda & Bill Gates Foundation», que preside y dirige en compañía de su mujer.
El hombre más rico
Desde luego, si estos menesteres se le dan tan bien como los ordenadores, el universo podría haber encontrado un nuevo «salvador».

Si a los 17 años consiguió desarrollar y vender su primer programa informático en su colegio por 4.200 dólares, a sus 52 años ha sido uno de los pilares sobre los que se fundamenta la era de los ordenadores personales y de la información en internet.

Menos mal que el hombre más rico de la tierra durante los últimos 13 años, según la revista «Forbes», con una fortuna actual de 56.000 millones de dólares, no vio futuro en la Universidad de Harvard y abandonó el centro en 1976 para centrar todos sus conocimientos en Microsoft, una compañía creada el año anterior junto a su amigo Paul Allen, otro «bicho raro» de las computadoras.

En 1986, los «freakies» de la informática colgaban pósters en sus habitaciones para adorar al que por entonces se había convertido en su ídolo, un treintañero Gates que se había hecho multimillonario gracias a su desbordado amor por la informática. Desde entonces Windows y el conjunto de «software» ofimático Office se han convertido en órganos vitales de la vida cotidiana, le pese a quien le pese.
Sus pantalones kakis y sus jerséis de pico ya no se dejarán caer tan a menudo por los pasillos de la base de Microsoft en Redmond, pero seguro que su reputación de ser intransigente con las ideas que no considera tangibles seguirá reinando entre sus más estrechos colaboradores. Pese a que no tendrá la obligación de acudir todos los días a la oficina, Gates, que prefiere el «bridge» al póquer, seguirá siendo el presidente de Microsoft «durante el resto de su vida» y consultor tecnológico de la compañía, además del mayor inversor de su retoño.

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